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EDUCAR DESDE EL CORAZÓN

Es una buena oportunidad para saludarles a cada uno de ustedes integrantes de la familia manuelpardina: alumnos(as), padres de familia, maestros y demás colaboradores. Mis superiores me han enviado para asumir la dirección del colegio, lo hago con ilusión, alegría y espíritu de fe, teniendo en cuenta que la educación para nosotros, los misioneros vicentinos, es un servicio evangelizador: “Evangelizamos educando y educando evangelizamos”. Por eso, recordamos que a la educación de hoy no le faltan más horas de matemáticas, lengua, geografía. A la educación de hoy lo que le falta es alma. “La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón”, decía Howard G. Hendricks. Sin esa pasión, cualquier vocación educativa queda incompleta.

El crecimiento personal, social y espiritual no es un lujo o un extra, es una necesidad fundamental del ser humano. Decía Wayne Dyer, que “ la única diferencia entre una flor que está viva de una que está muerta es que la viva es la que está creciendo”. Todo lo que no crece, de una u otra manera, muere. Por eso, quien te enseña a crecer, en los pilares de nuestro proyecto educativo: amar, evangelizar y saber, te enseña a vivir.

El buen maestro(a) ya no es solo aquel que enseña, es aquel que inspira y despierta en el alumno las ganas de crecer. Hoy, educar no es enseñar sólo contenidos, es enseñar caminos; es dar alas a la creatividad y encender la llama de la imaginación. Educar es saber mover un corazón. Recordando lo que nos dice el apóstol san Pablo: “Cualquier trabajo que hagan, háganlo de corazón, pensando que trabajan para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23).

Uno de los problemas  que hoy nos enfrentamos no es la ausencia de conocimientos teóricos o prácticos, sino la inseguridad personal, la falta de autenticidad y los miedos para gritarle al mundo que tenemos derecho a ser quienes somos y hacer lo que amamos. Por eso, un proyecto educativo que no abrace el humanismo, el crecimiento, la formación emocional y los valores humanos y cristianos es inevitablemente deficiente. Educar desde la vivencia y cultivo de valores y virtudes, es la única vía para crear personas de valor.

Para los vicentinos(as) educar es una manera concreta de expresar nuestro amor a Dios en el servicio al prójimo y lo hacemos desde la mística vicentina, por  eso: “Amemos  a Dios, hermanos míos, amemos a Dios, pero que esto sea con el esfuerzo de nuestros brazos, que esto sea con el sudor de nuestra frente” (S.V.P.).Animo a toda la comunidad educativa manuelpardina: alumnos, padres de familia, maestros, personal directivo, administrativo y de servicio a asumir nuestro compromiso educativo evangelizador con verdadera pasión

Javier Gamero Torres C.M.
Director

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