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Creer  hoy  en  Jesucristo

EL  HOMBRE  JESÚS  DE  NAZARET

    Debemos explicitar ahora el contenido de esa singular pretensión de grandeza que se desprende de la lectura histórica de la vida de Jesús. Fijaremos nuestros ojos en su persona misma para percibir el halo misterioso que se desprende de su modo de vivir y de actuar entre los hombres, sus hermanos de raza. Se impone tomar la tierra y partir de la realidad concreta en que se desarrolló su vida como hombre, porque existe el riesgo de idealizar súbitamente.

    Sin embargo, nuestra lectura de la vida de Jesús no será puramente histórica, sino a la vez teológica. Como creyentes, no podemos tomar el evangelio como un libro de historia más. Si el texto se nos ha dado así, ya con significación de fe, no podemos inventarnos unos evangelios a nuestra medida "científica", que, por eso mismo dejarían de ser "evangelio" o "buena nueva" de la salvación. Pertenece al género de las puras fantasías el imaginarse un texto así, sin mitos, sin símbolos, sin misterio, tratándose de un escrito religioso antiguo. Ni siquiera hoy puede el hombre vivir sin una cierta dosis de "mitos", es decir, de expresiones simbólicas que intenten adivinar la realidad absoluta y profunda de las cosas. El tener los hechos y dichos de Jesús junto con su significación religiosa nos pone a los creyentes de hoy en ventaja sobre los contemporáneos de Jesús que sólo tenían la realidad material de lo que sus ojos veían, quedándose en la intriga de quién era aquel hombre que así hablaba y que tales pretensiones s e atribuía.

    Pero desde otro ángulo la desventaja es nuestra. Contamos ya de antemano con los enunciados que definen lo más hondo de la personalidad de Jesús : que es el Cristo, el Señor, nuestro Salvador, el Hijo de Dios. Como alumnos que sólo quieren las conclusiones y el resumen final para saber lo que tienen que contestar en el examen, perdiendo así el enriquecimiento que supone la experiencia de la búsqueda personal, también nosotros, los creyentes, nos contentamos muchas veces con las respuestas del catecismo o con el uso rutinario que de ellas hacemos, y perdemos la riqueza subyacente por no tomarnos la molestia de volver a la fuente histórica de donde surgieron.

    Por todas estas razones, los ojos con que vamos a mirar a Jesús serán preferentemente históricos. Haremos el esfuerzo de mezclarnos con sus contemporáneos para escuchar sus palabras como si por primera vez fueran pronunciadas en esta tierra. En esta "mirada histórica"  nos serán muy útiles las investigaciones de los críticos, que han logrado depurar el texto con amplias seguridades de historicidad.

    Hay que notar de paso que un extremado escrúpulo histórico podría perjudicar una lectura saludable y aun natural del texto, que, como hemos dicho más arriba, está escrito desde otra perspectiva, y, desde ella, que es la que verdaderamente importa para darnos la significación de fe, todo lo escrito es válido. Es decir, que nuestra lectura del evangelio, que será acentuadamente histórica, pero sin extremismos, será al mismo tiempo teológica. Una lectura así nos permitirá entrar  en las actitudes profundas de la personalidad histórica de Jesús, el hombre de Nazaret, en quien se manifestó el poder de Dios.

    CONTEXTO  HISTÓRICO  DE  LA  VIDA  DE  JESÚS

    Se nos escaparía la verdadera significación de la actuación histórica de Jesús si no tenemos en cuenta el ambiente en que se desarrolló su existencia. Bajo la expresión "contexto histórico" queremos entender las coordenadas de tiempo y espacio dentro de las cuales se incluye todo lo que sucede realmente en este mundo : la geografía y la historia, la política y la economía, la vida social y la vida religiosa.... De todo ello daremos unos datos.

    • En un lugar de la tierra

    Este es el primer dato que fija a Jesús en la historia de los hombres. Belén de Judea es su lugar de nacimiento, y Nazaret la ciudad donde vivió con sus padres en su infancia y mocedad. Nadie tendría interés en modificar unos datos tan inmediatos, que pueden darse por rigurosamente históricos. Algunos detalles evangélicos sobre lo acontecido en Belén pueden tener su origen en el deseo de patentizar su condición celestial. De su vida en Nazaret prácticamente nada dicen los evangelios, ocultándonos así un precioso lapso de la historia humana de Jesús. No ha de sorprendernos tanto que los "evangelios apócrifos" hayan querido llenar esta laguna. Y una prueba indirecta de la sobriedad de nuestros evangelios.

    En este lugar de la tierra vivió Jesús : 23.000 Kilómetros cuadrados de extensión : 240 kilómetros de andadura de Norte a Sur, y 50 - 80 del Jordán al Mediterráneo. Sólo en muy contadas ocasiones traspasó Jesús estos linderos.

    • En un tiempo concreto

    Es el otro dato básico de la historia de un hombre. No está demás  llamar la atención sobre el hecho de que el nacimiento de Jesús haya servido de base para "contar" el tiempo de la historia humana. La aventura de los hombres en este mundo está ya inevitablemente referida a él. Como dato curioso señalemos que hubo error en el cómputo. El año verdadero del nacimiento de Jesús fue, muy probablemente, el 7 antes de nuestra era. El año de la muerte de Jesús parece más seguro, se pone hoy en el 30, bajo "el poder de Poncio Pilato".

    Poncio Pilato se llamaba el procurador imperial que llevaba el gobierno de Judea en los años críticos de la actuación de Jesús. Sustituyó a Arquelao, el hijo de Herodes el grande, que con su crueldad y arbitrariedades se salía de los modos moderados que interesaban a los romanos. Es de saber que, tras la gesta nacionalista de los Macabeos que permitió a los judíos gustar un lapso de 80 años de independencia, a partir del 63 a. C. se encontraban de nuevo bajo yugo extraño, el de los romanos, los cuales, sin embargo, no tenían interés en provocar a un pueblo difícil que no ocultaba sus aspiraciones independentistas. Convendrá no olvidar esta situación política tensa que nos explica muchos hechos de la existencia histórica de Jesús, en particular su muerte.

    • El hijo del artesano

    Un lugar, un tiempo, y también unas raíces humanas concretas. Era conocido  como el "hijo del carpintero" (Mt. 13, 55) y su madre era María. Todos sabían que sus "hermanos" (primos) eran Santiago, José, Judas y Simón (Mc.6,3). Por la vía paterna - que era la que legalmente contaba - descendía de la tribu de David. Por la tribu se concertaban los judíos con los antepasados de su pueblo. Son datos todos estos que nadie podía tergiversar.
    Por nacimiento, Jesús era judío, pero galileo por residencia. En el evangelio se conservan rasgos inequívocos del idioma materno, el arameo de Galilea. Los críticos señalan especialmente el uso característico de la palabra "Amén" con que inicia muchas de sus sentencias ("En verdad....") Según J. Jeremías, este uso peculiar de Jesús "no tiene paralelo alguno ni en toda la literatura ni en el resto del Antiguo Testamento". También son arameas familiares las expresiones  "Abba" , "talitha Kum" ("Niña, levántate", Mc. 5, 41), y Eloi, Eloi, lama sabach - tani ("Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado" (Mc. 15, 34), que sin duda, por particularísimas  del habla de Jesús , los evangelistas ni la misma tradición primera se atrevieron a tocar. Jesús, por supuesto, conocía además el hebreo, que era el idioma de la Biblia.

    Volvamos al "hijo del artesano" para detenernos un momento en la referencia social que la expresión nos descubre. Se da por cierto que Jesús ejerció el oficio de su padre, el de artesano, que la tradición ha interpretado como carpintero, Nos interesa menos la concreción del trabajo y más el hecho mismo de que experimentó por si mismo el trabajo manual, dato que subraya la cercanía de Jesús a la condición humana más corriente. Dentro de una sociedad subdesarrollada como era la de la Palestina de la época, el artesanado se situaba en la clase media baja, que vive del duro trabajo de cada día. Con los artesanos estaban equiparados socialmente los campesinos, pescadores y pequeños comerciantes. Un día de mercado en la calle bulliciosa ofrecía el muestrario de esta situación, como cita ritual de una clase que se comunica con facilidad y que comparte trabajos y pequeñas satisfacciones. No hace falta mucha imaginación para reproducir el cuadro.

    Había también ¿cómo no? Una clase aristocrática. En primer lugar la del dinero, compuesta por algunos terratenientes y los "archipublicanos". Estos, más que los "publicanos" , que se limitaban a realizar al por menor el cobro  de los impuestos , eran los que podían presumir de dinero por correr a su cargo la organización global de la recaudación. Eran mal vistos por el pueblo por figurar como colaboradores del invasor romano. En cambio, los sacerdotes de alto rango, que eran otros que integraban la clase aristocrática, gozaban de la más alta estima entre las gentes.

    En el estrato inferior de aquella sociedad podemos situar a los jornaleros, tantas veces brazo sobre brazo, esperando a quien viniera a contratarlos; a los esclavos, que también existían en Israel, aunque en régimen un tanto suavizado por la ley de Moisés; y finalmente a los mendigos, especie pululante que no podía faltar en una sociedad en conjunto pobre.

    • Vida religiosa

    Algo que caracterizaba a los judíos y los hacía muy distintos de otros pueblos era su conciencia de pueblo elegido de Dios con quien les vinculaba una alianza formal desde tiempos de Moisés, alianza que tenía su concreción en la Ley. En su cumplimiento se resumía toda la vida religiosa de Israel. Jesús aparece desde el primer momento sumiso a estas prácticas : circuncisión, presentación en el templo, observancia del sábado. Aunque el evangelio no nos lo hubiera recordado, es evidente que Jesús no hubiera tenido acceso ni credibilidad inicial ante el pueblo si no hubiera sido un observante cumplidor de la Ley, haciendo lo que hacían habitualmente todos los judíos. Asiste a la lectura de la Ley en las sinagogas y con frecuencia se permite tomar la palabra como un rabí.

    Además de las sinagogas, esparcidas por todas las ciudades desde la vuelta del destierro de Babilonia, estaba el templo de Jerusalén, centro de la religiosidad judaica y orgullo nacional. Lucas cuenta un viaje de Jesús con sus padres al templo a los doce años. Prescindiendo de los detalles del relato, la pregunta extraña y casi molesta para con sus padres hace pensar en la historicidad del hecho  (Lc. 2, 41 s.). El niño debió experimentar el gozo de poder visitar el grandioso templo de sus antepasados. En una ocasión, ya en tiempos de su actuación apostólica, se indignó contra los profanadores y los expulsó hasta con violencia y santa indignación (Mt. 21, 12).

    La gran fiesta religiosa de los judíos era la Pascua en la que recordaban, mediante el rito de la cena del cordero en familia, el día en que Dios libró a su pueblo de la servidumbre de los egipcios. Jesús solía asistir también a esta fiesta, la última vez para morir.

    • Grupos  e  Instituciones

    Habida cuenta de la impregnación religiosa de toda la vida social de los judíos, no nos sorprenderá ver que todos sus grupos sociales e instituciones están marcados por el sello de lo religioso. Recogiendo la herencia de los asideos (=piadosos), que de tiempo atrás representaban una reacción espiritual contra la "mundanización" de la casta sacerdotal, complaciente con las costumbres helenistas, tenemos dos grupos muy caracterizados por su fidelidad religiosa : los fariseos y los esenios.

    Los fariseos nos son bien conocidos por los relatos evangélicos. La impresión inmediata que se tiene de ellos, es la de gente perversa. Debemos retrotraernos a aquel momento histórico para hacernos una idea más real de este grupo que para el pueblo representaba, bien que en forma desorbitada y desfigurada, el ideal de religiosidad en conformidad con la ley de Moisés. La sinceridad de alguno de ellos nos consta expresamente (Nicodemo, Gamaliel). Cabe suponer que no eran los únicos. El pueblo os estimaba. Algunos de ellos eran además letrados o doctores de la ley, encargados de interpretarla para asegurar una mayor fidelidad al Dios de la Alianza. Era un grupo o partido seglar, no sacerdotal.

    De los esenios sabemos poco, si no es que se trata de la derivación monacal de los asideos. Según parece, esenios eran los monjes de la comunidad de Qumrán, junto al Mar Muerto, donde, a partir de 1946 han tenido lugar importantes descubrimientos bíblicos y de otros escritos no bíblicos, como el reglamento de la comunidad, en los que se respira una subida y exigente espiritualidad que algunos han querido comparar a la del cristianismo. Se basa en la fidelidad a la ley de Moisés y en una creciente expectación del Mesías, Su fundador es el "Maestro de justicia" , "suscitado por Dios para conducirlos por el camino recto". No hay rastro de ellos en los evangelios, salvo el caso de Juan Bautista que debió ser monje esenio, abandonando después la soledad monacal para dirigirse al desierto y anunciar la venida que presentía próxima del Mesías.

    El grupo de los saduceos era distinto. Su fidelidad a la ley recibía una interpretación menos rígida. Socialmente eran conservadores, lo que no sorprende si se tiene en cuenta que entre ellos había conocidos terratenientes. Culturalmente eran progresistas, abiertos a la cultura helenista y a las influencias romanas, razón por la que no tenían buena fama en el pueblo. En lo religioso es conocida su postura liberal de no creer en la resurrección para la otra vida. Aunque al grupo pertenecían también seglares, los más influyentes de sus miembros eran los sacerdotes.

    Los sacerdotes eran los encargados del culto. El máximo rango entre ellos lo representaba el Sumo Sacerdote, que era a su vez el Presidente del Sanedrín, el más alto Consejo o Tribunal de los judíos. Lo integraban tres cuerpos de representantes : los principales de los sacerdotes, los escribas o letrados y los ancianos del pueblo. Estos últimos que hoy llamaríamos "senadores" , procedían de las familias judías más ilustres y se suponía representaban al pueblo.

    • Los poderes de este mundo

    Nuestra visión del ambiente histórico que rodeó la existencia de Jesús se quedaría en la superficie y no explicaría suficientemente las reacciones de Jesús, sino ahondáramos en las fuerzas ocultas del bien y del mal que mueven a las personas y a los grupos, y condicionan, a veces inevitablemente, la marcha de los acontecimientos.

    Estas fuerzas son las que denominamos "poderes de este mundo". Como el nombre indica, su rasgo definitorio es el "poder", es decir, su formidable capacidad de arrastre. El otro rasgo implícito es su "ambivalencia". ¿Dónde están y cuáles son estos poderes? Están del lado de "este mundo", entendiendo aquí mundo en el sentido peyorativo que le da el apóstol Juan cuando escribe : "Todo lo que hay en el mundo - los bajos apetitos, los ojos insaciables, la arrogancia del dinero - nada procede del Padre" (Jn. 1, 16). Prescindiendo de la problemática correspondencia con las tres expresiones mencionadas por Juan, es usual distinguir tres grandes poderes de este mundo : el dinero, el poder y el eros o amor.

    • El dinero:           

    Nadie ignora su poder irresistible. En él se incluyen toda suerte de posesiones y riquezas materiales.. responde a una necesidad primera: el hambre; que tiene a su vez una cobertura primera en el pan o alimento imprescindible para subsistir. Cubierta esta primera necesidad, surgen otras y otras, para cuya satisfacción el hombre busca tener más y más. Estamos ya frente a la "codicia del dinero". Quien se deja llevar de ella no para en medios. Viene la explotación del hombre por el hombre. Se pierde todo horizonte espiritual. "Comamos y bebamos " es la consigna . En la descripción que hemos hecho del contexto histórico de la vida de Jesús, hemos hecho alusión a terratenientes, a campesinos, pescadores, jornaleros, mendigos.... Jesús no tendrá más remedio que decir una palabra a favor de los pobres que buscan su pan, y contra los abusos de los ricos....En términos modernos hablaríamos del "poder económico"

    • El poder

    Se refiere en primer término al poder político, pero incluye igualmente toda forma de dominación con sus acompañantes de honor, prestigio, fama, orgullo, soberbia.....También hay aquí una necesidad básica de orden social : Valor para algo y ser reconocido así por los otros. En la "voluntad de poder" ponía Nietzsche la aspiración radical del hombre y es sabido que en la psicología de Jung el deseo de poder o de dominio juega un papel tan importante como el sexo en la de Freud. El que obtiene por vez primera un "mando" sabe bien la satisfacción que produce este "poder". Y el que ocupa el más alto poder, rara vez lo abandona a su gusto. Abundan en la historia los derrocamientos. No vamos a extendernos aquí en la peligrosidad del poder o del mando o de la autoridad. La política ensucia las manos, se ha dicho. El poderoso no admite fácilmente opositores. Las razones de estado, en nombre del "bien común", del orden necesario, parecen justificar todas las represiones. Y para que la justificación sea más patente e indiscutible, los poderosos de la tierra, reyes y emperadores, conectan su autoridad con la "divina" : "Por la gracia de Dios". Tremenda tentación la del poder. En tiempo de Jesús los poderosos eran, entre otros, los representantes romanos, los sacerdotes, los grupos influyentes...Frente a ellos tuvo Jesús también que decir su palabra.

    c. El eros :   
    Es el amor como deseo, la tendencia al placer, el sexo... También arranca de una necesidad instintiva. Y su fuerza de arrastre es harto conocida. Cada uno la experimenta en sí mismo. Y es visible con sólo asomarse a la televisión, al cine, a las revistas, a la calle... Su poder de transformación para el bien es  insospechado. Y su capacidad de corrupción es así mismo impresionante...El amor tiene una palabra mayúscula en el evangelio. También se habla del sexo. En la sociedad judía, tan religiosa, también había rameras, y reyes amancebados como Herodes Antipas, a quien Juan Bautista reprendió duramente su conducta (Mc. 6, 17-29), aunque ello le costó ser decapitado.

    Ya  nos  hemos referido antes a la ambivalencia básica de estos poderes. El hecho de que sean
    en su origen primeras necesidades humanas da a entender que en sí mismo son buenos. La experiencia dice también que su fuerza tentadora es inmensa. Se diría que la trama subyacente al mundo está tejida por estos poderes del mal que deshumanizan al hombre y le impiden mantenerse libre y dueño de sus actos. No es una exageración pesimista, sino la consideración real de los hechos el concluir que existen en torno nuestro estructura de pecado, un "mundo de pecado", ante el que no podemos cerrar los ojos. No es una situación a la que hayamos llegado de pronto en nuestra llamada civilización del progreso. San Pablo nos ha dejado constancia estremecedora en el primer capítulo de su Carta a los Romanos, de una situación similar en el mundo antiguo.
    Cualquiera que sea la interpretación que se dé a los demonios que aparecen en las páginas evangélicas, en dependencia de la mentalidad judía, es innegablemente histórico que Jesús hubo de enfrentarse con estas situaciones extremas, manifestaciones palpables de un poder maligno que existe en el mundo. La expulsión de los demonios se daba como uno de los  signos más claros de la llegada de del reino de Dios. Según J. Jeremías, Jesús radicaliza la situación. Detrás de las diversas manifestaciones de la maldad, Jesús contempla al maligno, al destructor de la creación, ante quien los hombres se hallan impotentes. Pero él viene y sabe hacer que el Malo no ha obtenido todavía la victoria. Que seguirá reclamando derechos y obteniendo adoraciones, pero al final será derrocado. (Ver Teología del Nuevo Testamento, I, p. 116).

    De esta manera la presencia de Jesús en el mundo significa que ha llegado el momento de la posible liberación. Ha venido alguien más poderoso que todos los poderes de este mundo. Hay esperanza incluso para el pecador porque - algo inaudito - se le ofrece perdón con una autoridad que hace preguntarse ¿Quién es este? (Lc. 7, 49). Los enfermos podían ya ser curados, los pobres iban a recibir por fin la "buena noticia", a los encarcelados les es llegada la hora de la liberación....En el punto siguiente aparecerá más claro lo que significa esta presencia de Jesús en el mundo como liberador.

    ESTE  FUE  JESÚS  DE  NAZARET

    Entramos ya a describir los rasgos de la personalidad de Jesús tal como él se manifestó en el ambiente humano, social y religioso que hemos descrito. Observaremos enseguida que Jesús va al fondo de las situaciones. De ahí el interés que hemos puesto en señalar los "poderes de este mundo" latentes o manifiestos en toda la aventura humana. Nos interesa, pues, ir a las actitudes profundas de este hombre que convivió entre hombres, como uno de ellos, pero que asombró muy pronto por las pretensiones que se desprendían de sus palabras y de todo su comportamiento. Se levantará en nosotros al igual que en sus contemporáneos la pregunta intrigante ¿Quién es este? Lo que podremos descubrir es que se trata, a todas luces, de un hombre distinto, único, excepcional. Veremos ahora cómo y por qué.

    • Un Profeta

    Adelantándonos un poco podríamos llamarle con más propiedad el profeta. Pero vayamos paso a paso. En una gira por los contornos de la lejana Cesárea de Filipo - nos cuenta Mateo en un pasaje de cuya historicidad global no se duda - , Jesús tuvo la curiosidad, muy humana, por lo demás, de saber lo que las gentes pensaban de él : "¿Quién dice la gente que es este Hombre?" Los discípulos debieron quedar sorprendidos ante una pregunta que los ponía en un no disimulado aprieto . Y comenzaron a dar las diversas opiniones que corrían : "Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías, o uno de los profetas" (Mt. 16, 13).

    Entre los judíos de la época corría la idea que el Mesías sería uno de los antiguos profetas que volvería a la tierra, muy probablemente Elías, a juzgar por las últimas palabras del último de los profetas, Malaquías. (Mal. 3, 22-24). Hacía, pues, más de quinientos años que los judíos estaban sin profetas, supliendo su ausencia con una fidelidad a la Ley de una forma cada vez más reglamentada. La función de los letrados y escribas no era otra que la de asegurar la fiel interpretación de lo prescrito por Moisés, pero sin poder evitar el riesgo de convertir la religión en pura ejecución externa de ritos y mandamiento. En los años próximos al nacimiento de Jesús se sentía, con evidente atisbo de que algo se acercaba, la necesidad de un nuevo profeta. La literatura apocalíptica del tiempo es buen testimonio de esta expectación difusa en torno al profeta que había de venir, acompañado de señales y anuncios calamitosos. También Jesús, hombre de su tiempo, participó en esta creencia ambiental. La misiva de Juan Bautista para preguntarle si será él, Jesús, el que había de venir, o era menester esperar todavía a otro (Mt. 11,3) es una prueba más de la intriga que dominaba a las gentes en relación con el profeta que se esperaba próximo.

    La aparición de Juan Bautista fue una primera y acuciante llamada. Se sintió impelido a dejar la quietud monacal para hacer oír su voz en el desierto. Sus palabras son del género apocalíptico. Algo se acerca y está a las puertas; viene el juicio de Dios y el que quiera ser salvo, conviértase y rectifique su vida. El signo d esta conversión era el sometimiento al rito bautismal de inmersión en el agua del Jordán.

    También Jesús acudió a la llamada y se sometió al rito. Es un hecho que testifican los cuatro evangelistas e incluso otros relatos no incluidos en los evangelios (Mc. 1, 9-11 y paralelos). Aunque los detalles difieren, el consenso es unánime en tres puntos : en el hecho de que Jesús fue bautizado como uno más de los que acudían; la afirmación de que "descendió sobre él el Espíritu de Dios"; y que a este hecho sucedió una "proclamación" de Jesús. No nos detendremos a analizar las cuestiones aquí implicadas. Queremos subrayar únicamente el punto que se refiere a la vocación profética que tuvo lugar en esta ocasión, según la interpretación que hoy se da a este hecho al que los evangelistas unánimemente conceden tanta importancia.
    Según J. Jeremías, "en el judaísmo antiguo, la comunicación del Espíritu significa casi siempre inspiración profética". Un hombre era poseído por Dios y quedaba constituido en mensajero suyo delante del pueblo. Hay datos suficientes para pensar que este hecho tuvo honda repercusión en la conciencia de Jesús en relación con su misión. El hecho constatable es que Jesús cambia radicalmente su anuncio con respecto al de Juan Bautista, como si una sima se hubiera interpuesto entre la concepción mesiánica de uno y otro hombre. En este supuesto, la misiva del Bautista al que antes hemos aludido llevaría también el fondo de querer averiguar y preguntar : "¿Pues cómo entonces entiendes tú que será el profeta que ha de venir....?  ¿O no serás tú mismo?" La respuesta que dio Jesús a los enviados de Juan concuerda bien con esta interpretación : "Ida contarle a Juan lo que habéis visto y oído : los ciegos ven, los cojos andan..., a los pobres se les anuncia la buena noticia. Y ¡dichoso el que no se escandalice de mí! (Lc. 7, 22-23).

    El relato de las tentaciones de Jesús que sigue al acontecimiento del Jordán tiene como fondo esta preocupación. El no anunciaba ya el juicio de Dios, como Juan, sino el reino de Dios. ¿Cómo entenderán su anuncio? Tenemos en Jesús al hombre que se debate en su interior para, con la ayuda del Espíritu, clarificar el sentido de su misión. No debe de extrañarnos este proceso humano de la conciencia de Jesús, si suponemos que era enteramente hombre. El hombre   Jesús   se   enfrenta   con  su   ardua   misión.  Pero  no  está  solo. Las   palabras  del
     evangelista : "El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que el diablo lo pusiera a prueba", nos desvelan un poco del drama interior. Fue al monte de las tentaciones llevado, empujado, por el Espíritu.

    La significación profunda de las tentaciones, tal como se interpretan hoy, es la toma de conciencia por parte de Jesús del peligro de convertir el reino mesiánico que él debía anunciar e iniciar en un mesianismo político. No debía caer en la trampa diabólica de abusar del recurso al milagro para salir de cualquier apuro como el del hambre del pan de cada día; o en la trampa de la exhibición vanidosa de su poder tirándose desde cualquier pináculo; o en la trampa de la ambición para tener el mundo entero a sus pies con todas sus riquezas. El riesgo estaba en que no tendría más remedio que hacer cosas extraordinarias, presentarse con autoridad, anunciar un reino superior. Tremenda tentación para el hombre, la de tener que caminar por la crestería sin caer. Definitivamente, Jesús no podría aceptar un mesianismo político ni puramente humano. El reino de Dios no es un reino de este mundo, dominado por las fuerzas del mal., por el "tentador" (= Satanás).

    La experiencia de las tentaciones, cuyas versión histórica nunca sabremos exactamente cómo fue, supuso para Jesús la aceptación íntima de una misión difícil, a sabiendas de que ella le traería conflictos gravísimos al no aceptar la interpretación corriente de las cosas, conflictos que, como se vio después, acabarían con él en un espacio bien corto, apenas dos años.

    • Hablaba con autoridad

    Si el anuncio del reino estaba expuesto a interpretaciones torcidas, era preciso dejar las cosas bien sentadas desde el principio. Los discursos que Mateo recoge en sus tres capítulos 5 al 8 de su evangelio y que son conocidos genéricamente como "sermón del monte" constituyen una síntesis de lo que debe entenderse por el reino de Dios. Aunque pronunciados en distintos momentos y en contextos históricos diversos, su verdad histórica en cuanto precedentes del mismo Jesús no ofrece duda. No nos fijamos en su contenido específico, sino en el modo como Jesús habló y se presentó ante el pueblo : con la autoridad indiscutible de quien sabe lo que dice y quien tiene poder para decirlo.

    Jesús afirma claramente que no ha venido a derogar la Ley de Moisés, sino a darle cumplimiento (Mt. 5, 17 s.). Sin embargo se declara abiertamente en contra de la interpretación que hacen de ella los letrados y fariseos : "Os digo que si vuestra fidelidad no sobrepasa la de los letrados y fariseos no entraréis en el reino de Dios" (Mt. 5, 20). Esta neta postura de disidencia con los jefes religiosos judíos no se detendrá. En los cuatro evangelios este enfrentamiento constituye la trama narrativa. Nos hallamos, pues, ante lo más cierto históricamente de la vida de Jesús en estos dos años de su actuación pública. Sin ello no habría manera de entender la mayor parte de sus discursos y de su comportamiento, ni
    encontraríamos una explicación medianamente convincente para su muerte.

    Fariseos y letrados debieron empezar a sospecha que aquel hombre pretendía equipararse al legislador Moisés, si no es que pretendía hacerse Dios. Por eso buscan ocasiones para tenderle trampa para una acusación formal. Jesús se escabullía con habilidad.  El nerviosismo se hace patente en preguntas como éstas : "¿hasta cuándo nos vas a tener en vilo? (Jn. 10, 24) ; ¿con qué autoridad actúas así?" (Mc. 11, 28).

    Cabe pensar que el punto más fuerte de fricción estuvo en otra parte, dado que, hombres rectos y religiosos como eran - no hay por qué suponer maldad total en nadie - hubieran aceptado tal vez a un hombre que se presentaba como continuador de Moisés y dentro de la ley. Claro que en esto mismo el predicador de Galilea se atrevía a ir demasiado lejos, como cuando insinuó que el templo podía ser destruido (Jn. 2, 18s y Lc. 19, 43-44). Pero el punto en que la fricción toma caracteres de ruptura irreversible es el desprestigio sistemático a que sometió Jesús a los intérpretes oficiales de la ley. Hay momentos en que las palabras de Jesús parecen perder mesura, por ejemplo en el ensartado de invectivas de Mt 23. Lo duro de las expresiones es un dato a favor de la historicidad. Ellos pudieron tomarlo como un ataque personal, lo que explicaría la virulencia del encuentro que no para hasta el aniquilamiento de Jesús.

    Es evidente, sin embargo, que Jesús no atacaba a personas, sino a instituciones y contenidos. De hecho, cada expresión va seguida del por qué. No son acusaciones gratuitas. Lo que se desprestigiaba, por tanto, en la intención de Jesús, eran las interpretaciones que se daban de la religión, lo que equivalía aun desprestigio de la función. Es bien sabido lo intolerable que resulta para el hombre "la pérdida de función". El dilema estaba planteado : o él o nosotros.

    • EL Profeta del Amor

    En el fondo, de lo que Jesús acusa a los jefes religiosos judíos es de no dar una versión humana de la religión, de querer someter al hombre a un rito, de querer echar sobre el hombro del otro cargas demasiadas  pesadas, de olvidar la justicia, el buen corazón, la lealtad...En una palabra, el amor.

    Jesús viene y dice que es antes el hombre que el sábado (Mc. 2, 27), el corazón antes que los sacrificios, el espíritu antes que la letra. Sólo llamó suyo y nuevo un mandamiento : el mandamiento del amor fraterno, situado al mismo nivel que el amor a Dios. (Jn. 15, 12, y Mt. 22, 39). Este es el contenido clave del "reino de Dios" que Jesús anuncia. No se anuncia el juicio, el castigo, la amenaza del hombre. Sino "el reino de los cielos", que es muchas cosas, don y gracia de Dios siempre, y resumiéndolo todo : AMOR.

    No podemos contentarnos con decir que Jesús anunció el amor como sustancia del "reino de Dios" y mensaje definitivo de su evangelio. Nuestra consideración se vuelve ahora a su persona, al hombre Jesús de Nazaret, y queremos saber si él amó como hombre, cómo fue su amor a los que le acompañaban y rodeaban.

    De las páginas evangélicas salta efectivamente el dato conmovedoramente humano de que Jesús amó como  aman los hombres. Sólo unos datos : su llanto espontáneo e irreprimible ante la muerte de su amigo Lázaro que hizo exclamar a los judíos que habían ido al duelo : "Ved, cómo le amaba" (Jn. 11, 21s). Nótese de paso el hecho de la amistad de Jesús con Lázaro y sus hermanas. La amistad es la expresión humana más limpia del amor por su carácter de pura benevolencia, que es el simple querer el bien del otro. Jesús llamó amigos también a sus discípulos (Jn. 15, 14), con los cuales mantuvo conversaciones de favor a solas. El discurso de la cena, aunque recompuesto sin ninguna duda por Juan, respira todo él ternura de amigo, del amigo que se despide de los suyos. Léase Jn 15 al 17. Aquella escena de despedida se le debió quedar muy grabada en la memoria a Juan, y de ella nos dio su interpretación. Hay un detalle simbólico que él guardó como recuerdo imborrable : el haberle permitido reclinar la cabeza sobre su pecho en la noche de la cena (Jn 21, 20).

    Rasgo característico del amor practicado y mandado por Jesús es el de la universalidad. Amar a todos, también a los enemigos, a los pobres, a los marginados, a los desconocidos, sin mirar a la recompensa ,de la misma manera que Dios hace salir el sol para todos, buenos y malos. Si no ¿en qué se diferencia vuestro amor del amor que practican los demás hombres? (Mt. 5, 435). Freud pensaba que un amor universal es imposible; el amor al extraño distorsiona el sentido del amor. También Sartre consideraba que la realización humana por la vía del amor es irrealizable. Es evidente que el amor cristiano es otra cosa : el amor imposible convertido en ideal, en "mandamiento nuevo".

    • EL Profeta de la Libertad

    El amor no ata, libera. La multiplicidad de preceptos y normas no puede menos de constreñir los movimientos del hombre, impidiéndole ser él mismo. Jesús apuesta por el hombre; esto se trasluce de los textos evangélicos como dato que se impone por sí mismo. Al reducir los mandamientos al único del amor, deja al hombre en libertad para gobernar su vida por sí mismo y con un horizonte amplio por delante. Son muchas las servidumbres que debe pagar el hombre mientras vive. Algunas inevitables. Otras se deben a presiones impuestas por quienes detentan algún tipo de poder. Los poderes d este mundo todos tienden a esclavizar. ¿Pudo Jesús hacer valer su libertad?  ¿No fue él también un esclavo de las situaciones?  ¿Fue realmente un hombre libre?

    a. Frente a la opresión familiar

    Un primer dato de la libertad de Jesús es su comportamiento con sus familiares.
    Nada  ata  tan  fuertemente  como  la  familia: La  opinión  de  los  padres,  sobre  todo      en un   régimen patriarcal como el vigente en tiempos de Jesús, condiciona la  opción del hijo, restando y casi anulando su capacidad de decisión personal. Acostumbrados a mirar a Jesús a nivel divino, no nos resulta fácil hacernos cargo de lo que pudo significar para él este tipo de presión. Tampoco los Evangelios son muy explícitos a este respecto. Pero los datos conservados son sumamente expresivos:

    • A los doce años se queda en el Templo sin saberlo ellos. Del texto se desprende el disgusto paterno (Lc 2, 41s.) Cabe imaginar que no era el primer conflicto. Por más que los viejos exégetas se empeñan en quitar hierro, el reproche de Jesús suena a duro: "¿Por qué me buscábais?  ¿No sabías que tenía que estar en la casa de mi Padre?" No es fácil decidir sobre exactitud histórica del logion (=sentencia o palabra). Su tono enigmático, pues sus padres "no comprendieron lo que quería decir" hace pensar en que un dicho de reproche se produjo. No hace falta recurrir a la conciencia mesiánica plena, que sólo adquirió más tarde, con ocasión del bautismo, como hemos visto, pero cabe suponer que alguna intuición, más o menos borrosa, debía tener Jesús de su futuro. Basta esto para que el motivo vocacional esté presente. En cualquier caso, el hecho mismo del reproche pone de relieve la libertad de Jesús frente a sus padres.

     

    • Marcos nos da otros datos de la vida pública de Jesús. Sus parientes quisieron obligarle por la fuerza a desistir de aquel camino. No le creían en sus cabales. Transmitían sin duda la opinión que circulaba en su pueblo natal y entre los allegados (Mc. 3, 20-21). En otra ocasión le dicen que su madre y sus hermanos le esperan fuera. La respuesta pone de relieve su libertad en lo que se refería a su misión. Su madre y hermanos son los que le escuchan y le siguen (Mc. 3, 31-35). Y ellos también deberán mantenerse libres e independientes frente a los suyos : "Si uno quiere ser de los míos y no me prefiere a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a sí mismo, no puede ser discípulo mío" (Lc. 14, 26).

    b. Libre a las autoridades religiosas

    Ya    nos   hemos   referido   más   arriba   al   enfrentamiento   de   Jesús  con   las autoridades
    que  representaban  la  tradición   religiosa.  La  independencia   y  la  libertad  frente a ellas es
    patente. No les hagáis caso. Son guías ciegos; echan sobre los demás cargas que ellos no quieren empujar ni con un dedo (Mt 23). Hay un aspecto que queremos destacar aquí. No es ya que Jesús se manifieste con "autoridad", que es tanto como decir con libertad frente a aquellos conductores cualificados del pueblo; es que Jesús se pone decididamente de parte del pueblo, del hombre sencillo que es engañado por hombres que se valen de su posición privilegiada para mantener sumisos a todos, y ello en nombre de Dios y de su Ley. Es contra esta situación opresora contra la que se levanta Jesús indignado. No se puede manipular a sí a Dios convirtiéndolo en enemigo del hombre. Esa religión no es la que él viene a predicar. El Dios que él anuncia es un padre y un amigo, y su única ley es el amor.

    Le acusan de quebrantar el sábado, lo que nadie se atrevía a hacer. Su respuesta libre y liberadora es que el hombre está por encima de la práctica religiosa. Si los discípulos arrancan espigas en sábado es porque tienen hambre (Mt. 12, 1s), y más importante que descansar en sábado es curar a aquel hombre que tenía el brazo atrofiado. Porque "el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado" (Mc. 2, 27).

    c. Libre  frente al poder político

    La situación política   de Palestina era delicada por aquel entonces, como hemos visto.
    Los judíos   llevaban mal  la  presencia  del  dominador  romano, ellos  que tenían la conciencia
    de pertenecer a un pueblo predilecto de Dios. La aparición de Jesús debió despertar muchas esperanzas, sobre todo en el grupo de los zelotas. Difícil equilibrio el que se pedía a Jesús para no traicionar al pueblo ni a su misión. Su postura, que pone de manifiesto una vez más en su total independencia y libertad, pero que necesita tener en cuenta los condicionamientos que impone la realidad, puede resumirse así :

    • En primer lugar, parece cierto que Jesús mantuvo en  una cierta ambigüedad su condición de Mesías. Los textos que hablan claramente de ello han de tenerse como interpretación de la comunidad pascual. Hay indicios evidentes en el Evangelio para suponer que Jesús no quería aclararse definitivamente sobre este punto, a no ser en el último momento, cuando le fue requerido ante el tribunal de Sanedrín bajo la invocación de Dios, declaración que, como es sabido, le llevó a la muerte. Normalmente, evadía la pregunta, daba respuestas ambivalentes (Jn 10, 23s), o planteaba a su vez otra pregunta (Mc 11, 28s). Cuando quisieron proclamarle rey, tras la multiplicación de los panes, se escabulló al monte (Jn 6, 14-15). En cambio - y es un dato más de su conducta ambivalente en este punto - , se dejó aclamar como Hijo de David en la manifestación de su entrada a Jerusalén (Jn 12, 12s).

     

    • En segundo lugar, podemos citar un texto donde claramente Jesús da a entender su postura de no beligerancia política. Nos referimos a su respuesta a la trampa de si era lícito dar el tributo al César : "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt 22, 21). El gesto de leer la inscripción de la moneda y centrar sobre ella la respuesta sugiere que no quería entrar en la cuestión, dejando, por otra parte, en claro que lo suyo era lo religioso. No quería en modo alguno que confundieran su misión con la de los zelotas. Tampoco era conformismo ni menos ratificación del status quo. Si algo había claro en la respuesta era el no tomar partido en contra de los romanos. Había que alejar toda sospecha del mesianismo político. Y sin embargo, fue ésta la acusación que se utilizó ante el tribunal romano para llevarle a la cruz.
    • Finalmente ante Pilato, Jesús no niega ser rey, y eso que tal afirmación podía costarle la vida. Ese fue el título que figuró sobre la cruz como causa de la condena. Sin embargo Jesús aclaró en seguida al procurador que no tenía por qué temer, pues su reino no era de este mundo. Añadió que su presencia en el mundo se debía a razones más altas, como la de dar testimonio de la verdad. Su misión era religiosa. La libertad y desenvoltura de aquel preso en momento tan crítico no dejó de sorprender al mismo Pilato (Jn 18, 28s, y 19, 10-11).
    • El Profeta de la justicia

    Sin justicia no hay amor posible y menos libertad. Donde el hombre está oprimido o esclavizado, de cualquier forma que sea, no tiene cabida la libertad. La justicia crea las condiciones de igualdad, sin las cuales es inútil decir a un  hombre : "Usted es libre." Hacer justicia es liberar, levantar obstáculos y romper cadenas. Si hablamos separadamente de justicia es para subrayar la urgencia de proceder a la creación de situaciones que den auténtico sentido a la libertad.

    Otro tanto cabe decir del amor. La justicia no es sino el amor operante. Este podrá ir más allá de la justicia; pero lo que no puede hacer es camuflar bajo una cierta idealización del "amor fraterno" la falta de justicia. Corre el peligro de una excesiva simplificación de las cosas el querer reducirlo todo al amor. Sobre todo cuando un término como éste está sometido a unas rebajas ambientales tan fuertes que, por mucho que una concepción religiosa quiera llenarle de contenido, éste se esfuma ante la impresionante y seductora imagen del amor que ha creado la civilización - llamémosla así - moderna.

    Nos parece mejor, por tanto, llamar las cosas por su nombre. El pobre pide amor, pero antes que eso pide justicia. Por lo demás, no es nuestra intención aquí atenernos a unas fronteras fijas de lo que es estrictamente justicia y de lo que es amor operativo. De alguna manera nos parece más conveniente incluir la lucha por la justicia entre las exigencias del  amor, indudablemente las más imperiosas. Volvamos ya a Jesús, profeta del amor, de la libertad, y por lo mismo, de la justicia.

    Defensor         Jesús no ignoraba las  situaciones de  injusticia  y de opresión  que reinaba en la
    de los               sociedad judía. Su postura fue inequívoca, tal como emerge de las páginas pobres             evangélicas :  ponerse   del   lado  del  pobre,  del  oprimido,  del   humilde,  del
    pequeño, del pueblo en una palabra; y oponerse, en la medida en que podía, sobre todo con el arma de su palabra profética, a los abusos del poder político, del poder religioso, del poder del dinero....

    • En el sermón de la montaña Jesús proclama dichosos y predilectos del reino a los pobres, a los que sufren y lloran, a los que son perseguidos por la justicia, etc. (Mt. 5, 1s). Si se comparan las dos versiones, la de Mateo y la de Lucas (Lc 6, 21), ésta ofrece una mayor acentuación social, mientras aquélla se sitúa en una perspectiva más espiritual : "los pobres de espíritu", con una aceptación más resignada de los hechos, no fáciles de cambiar. Las palabras de Jesús, dichas y oídas en aquel rincón del mundo, ante un puñado de hombres, pudieron parecer maravillosas, pero acaso poco más que los enunciados de uno de sus salmos. Leídas hoy, a la distancia de veinte siglos, y comparadas con otros documentos antiguos y recientes, las bienaventuranzas tienen todo el aire de un manifiesto de protesta social. Lucas debió intuir ya esa clara significación, tal vez porque había recorrido ya con Pablo un largo trozo del mundo.
    • Efectivamente, Lucas añade cuatro invectivas paralelas contra los ricos, que no se encuentran en Mateo : "¡Ay de vosotros los ricos...!" (Lc 6, 24-26). Ellos comen, beben, se hartan, se ríen... , olvidando a los pobres,  a los hambrientos, a los que sufren.

    Puede hacer dudar sobre la historicidad de este o aquel texto, pero son tantos los que hablan sobre el dinero y las riquezas, que no cabe duda de la postura de Jesús frente a este ídolo de todos los tiempos. Es claro que el dinero tiene hoy otra significación, es más funcional y productivo por sí mismo. No son simplemente riquezas que se acumulan y se guardan avaramente. Pero esto no quita fuerza a las palabras de Jesús. El dinero y la riqueza sigue siendo un tremendo poder de este mundo con su secuela de explotaciones y opresiones. "Lo malo de los ricos - observa Gómez y Caffarena - es que no tienen amor para entender el dolor del pobre."

    • En Mt 25, 34s vemos que Jesús se identifica con los que tienen hambre, con los enfermos, encarcelados, desnudos, extranjeros, etc. : "Os lo aseguro : cada vez que lo hicisteis con un hermano mío de esos más humildes lo hicisteis conmigo" (v. 40). No entrarán en el reino los que rechacen a éstos. Al menos entonces, en el gran momento final, se hará justicia con ellos.

     

    Defensor         La  sociedad  siempre  tiende  a  clasificar, y  los  de  arriba  no  llevan a bien el
    de los               mezclarse   con   los   de  abajo. Los   que  llamamos  marginados  viven  en   la 
    marginados    periferia social, como excluidos de la convivencia normal, mal considerados siempre. En tiempo de Jesús, además de los pobres a quienes, nos acabamos de referir, eran marginados, es decir, "mal vistos", los publicanos, tenidos como pecadores, con la deshonra que ello implicaba en una sociedad fundamentalmente religiosa como la judía, los samaritanos, los leprosos - obligados por la ley a alejarse de la sociedad , los gentiles     , las viudas, las prostitutas....Era notorio que Jesús "andaba en malas  compañías". Comía y bebía con los pecadores((Mt. 11, 19). Por toda contestación él decía  que no había venido a invitar a los justos, sino a los pecadores; no a los sanos sino a los que necesitan del médico(Mt. 9, 9-13). Este acercamiento de Jesús a la sociedad desprivilegiada es dato histórico de toda certeza, aunque se puedan discutir los detalles de este o aquel texto. El material más valioso para el estudio de esta postura de Jesús a favor de los marginados se encuentra en sus parábolas, género literario muy particular suyo, como ha podido demostrar la crítica histórica, aunque - repetimos - descendiendo a cada una de ellas se encuentren añadidos, modificaciones, frases adaptadas a unas necesidades concretas de la primitiva Iglesia, etc. En las parábolas, Jesús usa un lenguaje cercano al pueblo. Por ellas conocemos detalles de costumbres campesinas, de los pescadores, de los parados en la plaza del pueblo, de la mujer que barre la casa, del pastor que va tras la oveja perdida, etc.

    Defensor        La sociedad judía no podía ser excepción en la forma discriminatoria de tratar a
    de la                la  mujer. La  madre  no  contaba  para  la  genealogía. Tampoco podía la mujer
    mujer             testificar en juicio. Para la adúltera se reservaba por la ley la pena de la lapidación. Dada esta situación discriminatoria y la "mala nota" que se podía derivar de su trato con mujeres, los datos del Evangelio no son abundantes, pero el hecho de poseer  algunos y bien significativos garantizan en conjunto su historicidad. Por ejemplo, la defensa que Jesús hace de las prostitutas - en cuanto marginadas  está claro, no de la prostitución -, cuando dice : "Os aseguro que los recaudadores y las prostitutas os llevan la delantera para entrar en el reino de Dios" (Mt. 21, 31-32). Más sorprendente todavía es su defensa de María, "la pecadora", cuando ésta viene en medio del banquete, se echa a sus pies, los perfuma y los seca con sus cabellos , ante las caras largas de todos y la indignación de algunos por el gasto inútil (Jn 12, 1s ; Mc 14, 3-9 ; Mt 26, 6-13).

    Los relatos de los tres evangelistas difieren mucho en los detalles, hasta el punto de poder dudar de si se trata de un mismo caso. Pero eso no resta valor al hecho mismo de Jesús permitiendo el "escándalo" d que una mujer pública se acercara a él. También era conocida por sus malos pasos la samaritana, con la cual se detuvo Jesús a solas junto al pozo de Sicar (Jn 4).

                            El famoso pasaje sobre el divorcio (Mt 19, 3-12) debe ser interpretado bajo esta luz. Jesús defiende a la mujer casada del fácil expediente del repudio "por cualquier motivo", como venían haciendo los varones israelitas por una concesión de Moisés a la debilidad de los hombres incorregibles. Pero al principio no fue así. Y Jesús establece que eso no volverá a permitirse más. Se trata de liberar a la mujer de los caprichos del varón.

    • Los Milagros  de  Jesús

    Con ellos tropezamos apenas abrimos las páginas del Evangelio. La primera pregunta que nos hacemos es si realmente las cosas acontecieron tal como se nos narran. Ni qué decir tiene que los racionalistas, los científicos y críticos de todo tipo han concentrado aquí sus esfuerzos de análisis históricos. Entre los milagros se encuentran las curaciones de enfermos, que son innumerables. Hay, además, tres casos de resurrección : de un amigo, Lázaro; del hijo de una viuda de Naim, y de la hija del jefe de la sinagoga de Cafarnaún. Milagros sobre la naturaleza se cuentan siete, por ejemplo : caminar sobre las aguas, calmar la tempestad, multiplicar los panes, etc.

    Por encima de todos los milagros, el milagro indiscutible es la persona misma de Jesús, su presencia histórica entre los hombres para iniciar el reino de Dios. Los milagros particulares son unas manifestaciones extraordinarias de esta presencia y de la liberación que Dios ha traído a los hombres por intermedio de Jesús. En él comienza el tiempo nuevo, porque él es el "hombre nuevo".

    • Abba ,  Padre

    Tocamos aquí un rasgo de la personalidad de Jesús que nos introduce en lo íntimo de su conciencia religiosa. Para el hombre de las cavernas la vivencia religiosa toma el carácter de una aproximación oscura al misterio. Para el filósofo racionalista tomará la forma de enfrentamiento con el Absoluto. El judío tenía ya un Dios con nombre propio, Yahvé, nombre por otra parte muy respetado, hasta el punto de que evitaban pronunciarlo y lo sustituían por expresiones equivalentes, la más usual de todas Adonal, Señor del cielo.

    Lo singular del caso de Jesús es que, judío como era, no se dirige a Dios con los nombres corrientes, sino que lo llama Padre. Curiosos e incrédulos que se han acercado a los evangelios para leer simplemente un libro famoso de la historia se han visto sorprendidos por la extraña sensación que produce ver a un hombre dirigiéndose a Dios como padre suyo. Pero volvamos a la palabra, pues estamos haciendo "lectura histórica". Las cinco fuentes (la de la logia y los cuatro evangelios) testifican concordemente de este uso habitual por parte de Jesús de la expresión "Padre mío" para dirigirse a Dios. Marcos nos ha transmitido además la palabra original Abbá , que es aramea, señal de que se trata de una "mismísima" palabra  de Jesús (Mc 14, 36). Un concienzudo análisis lingüístico ha podido detectar que también en los otros lugares, en los que sólo se nos da la palabra griega correspondiente  a "padre", subyace el término arameo Abbá.

    El hecho mismo de sustituir el nombre de Dios, majestuoso e inaccesible, por el de "Padre", próximo, íntimo y cálido, cambia todo el sentido de la religiosidad. Llamar a Dios "Padre mío" debió constituir la referencia fundamental de la existencia de Jesús en este mundo, a juzgar por la frecuencia con que aparece recurriendo a él en los evangelios, y por la intimidad y confianza en que envuelve la expresión. No nos es dado desde afuera percibir las resonancias que la palabra producía en la interioridad de la conciencia de Jesús. Fue la primera generación cristiana, la de la resurrección, la que desde la fe tuvo la certeza de que aquel Jesús era el Hijo de Dios, el único que en este mundo podría llamar a Dios con toda verdad "Padre mío".

    EL  "CRISTO  TOTAL" , CLAVE  DE  LA  HISTORIA

    La expresión "Cristo total" es de San Agustín, bajo la cual él entiende la unidad que forman los cristianos y Cristo, la Iglesia como "cuerpo" y Cristo como cabeza. Y aclara : "No existe un Cristo que sea Cabeza y no miembros, sino un Cristo Total, cabeza y miembros". De suerte que no sólo hemos sido hechos cristianos sino Cristo. La gracia y el Espíritu unifican a Cristo y a los cristianos en una personalidad mística, un cuerpo místico.

    Nuestra atención se centra ahora en Cristo en cuanto referido al conjunto de la historia humana, por una parte, y por otra a la totalidad de las realidades existentes, eso que llamamos "cosmos" . Al hablar de Cristo total se quiere decir que Cristo no debe ser reducido a los límites estrechos de una persona individual que pasó por el mundo y continúa influyendo en él como desde fuera, o desde arriba. Por el contrario Cristo está dentro de esta historia nuestra, está desde el principio, y estará hasta el final.

    Tal presencia de Cristo en el mundo no es estática, como simple punto de referencia. Cristo está en el centro de la historia y de la realidad dinamizándola, siendo su origen, su fuerza activa y el fin hacia donde se orientan todos los movimientos, la marcha entera de la colectividad humana con todas sus creaciones.

    Cristo está en el corazón de esta historia, formando parte de ella como quien también corre en ella su suerte, y siendo al mismo tiempo su meta de plenitud. Algo semejante ha de decirse del conjunto de la realidad, de la que Cristo también es principio y plenitud. Pero estas afirmaciones requieren alguna mayor precisión, tanto en la "dimensión histórico humana" como en la "dimensión cósmica".

    • Cristo, plenitud de la historia

    Nuestras breves consideraciones girarán en torno a unos textos de San Pablo, tomados de sus cartas de la cautividad, en las que, con palabras sumamente densas, nos habla de este misterio de Cristo que abarca la totalidad de lo existente.

    El es modelo y fin del universo creado,
    él es antes que todo y el universo tiene en él su consistencia.
    El es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia.
    El es el principio, el primero en nacer de la muerte,
    para tener en todo la primacía,
    pues Dios, la Plenitud total,
    quiso habitar en él,
    para por su medio reconciliar consigo el universo,
    lo terrestre y lo celeste,
    después de hacer la paz con su sangre derramada en la cruz (Col 1, 16s.)

    Para la inteligencia del texto, sin pretensiones de exégesis exhaustiva, valgan estas consideraciones :

    • Nótese de paso, porque después volveremos sobre ella, la referencia "cósmica". Se habla del "universo creado", nada se excluye del ámbito de presencia y de acción de Cristo.
    • El punto en el que más se insiste es el de la primacía de Cristo en todo. Se usan varios términos : "cabeza" , "principio" , "el primero en nacer de la muerte" , él es antes que todo, etc.
    • Esta "principalidad" de Cristo se mueve en dos planos : el de la creación y el de la redención, aunque ya definitivamente unidos. El plano de la creación es más perceptible en los versos que preceden al texto transcrito, donde se dice que "por su medio se creó el universo celeste y terrestre". Pero también el texto citado son visibles las alusiones : al universo que tiene en él su consistencia, al principio, etc. Podemos ver, por tanto, a Cristo en el centro de la creación, como autor, como modelo y fin. En el plano de la redención, "el primero en nacer de la muerte" es Cristo que ha resucitado el primero, al que, por lo mismo, seguirán otros; es la resurrección que él nos ha ganado para todos. Hay otras referencias evidentes por sí mismas al plano de la redención, como la reconciliación, la cruz, etc.
    • Destaca sobre todo el aspecto de la mediación. Cristo está incrustado en el universo y en la historia dinámicamente, para eso posee la "plenitud total" que Dios le ha otorgado, y es el principio y el modelo y el fin. Todo arranca en él, es él quien empuja la marcha, y es a él adonde la aventura humana se orienta como meta. Esta mediación activa se hace patente de modo especial en la acción redentora, en la reconciliación universal que ha de seguir a la pacificación que él ha realizado en un momento cumbre, cuando derramó su sangre en la cruz.

    Esta mediación dinámica de Cristo en la marcha de la historia hasta llevarla a su plenitud se hace más patente en este texto de San Pablo escribiendo a los Efesios. Después de bendecir a Dios Padre, que nos eligió desde antes de crear el mundo para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, continúa diciendo cómo derramó en nosotros su inagotable generosidad por medio de su Hijo querido :

    "....Revelándonos su designio secreto, conforme al querer y proyecto que él tenía para llevar la historia a su plenitud : hacer la unidad del universo por medio del Mesías, de lo terrestre y de lo celeste....
    Todo lo sometió bajo sus pies, y a él lo hizo, por encima de todo, cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo, el complemento del que llena totalmente el universo (Ef 1, 8-10 ; 23).
    Es notable la diversidad de versiones que se dan de este pasaje, señal del hondo misterio  que se esconde detrás de las palabras, las cuales, por humanas, nunca alcanzan a expresar adecuadamente el misterio que se esconde en Cristo, cuyo señorío y dominio se extiende, en virtud de su resurrección y exaltación gloriosa, a todos los tiempos y a todas las cosas.

    Algunos aspectos del texto merecen especial atención y ellos nos ayudarán un poco a desvelar su sentido profundo :

    • Existe un proyecto eterno de Dios Padre, que se expresa bajo los nombres de "designio secreto" , "querer y proyecto" , "elección"  antes de crear el mundo.....De suerte que la historia del mundo no marcha al azar, sino en cumplimiento de un plan previsto, plan que es de elección, de amor, de generosidad......Aunque aveces parezca que el mundo va la deriva, el creyente tiene la seguridad de que, tal vez por caminos desconocidos, se están dando los pasos que llevan a una meta prefijada.

     

    • La meta propuesta en el proyecto eterno de Dios es "llevar la historia a su plenitud", expresión que resulta más clara que "realizarlo en la plenitud de los tiempos". En todo caso, hemos de retener la palabra "plenitud", en la que se concentra el sentido. También en Gal 4, 4 dice San Pablo que "Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, en la plenitud de los tiempos". Los tiempos no han de entenderse solamente como "fechas" que llegan y se cumplen, sino como la totalidad de los acontecimientos humanos y el hombre con ellos, que avanzan sobre el escenario del mundo dando cumplimiento al plan salvador de Dios hasta llegar a la plenitud y la consumación. Referida a los hombres, esta plenitud consiste en el despliegue y manifestación definitiva de nuestra condición de hijos adoptivos de Dios. Para eso nos eligió desde el momento eterno Dios Padre.
    • El actor principal de este movimiento histórico  a la plenitud de Cristo, el Señor. Lo hemos visto en el texto a los Colosenses bajo la forma de "medición". Con otras imágenes, o repitiendo las mismas, se insiste en la centralidad y capitalidad de Cristo. Hay un término ya clásico que recoge esta acción de Cristo : "recapitulación". Nótese la etimología : del latino "caput", cabeza; que reproduce así mismo el original griego de la misma significación. La versión literal sería : "recapitular todas las cosas en Cristo", que la Biblia de Jerusalén traduce : "hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza". Nosotros hemos preferido la versión de la nueva Biblia Española : "hacer la unidad del Universo por medio del Mesías", que es más transparente, con la inevitable pérdida de la hondura original. Cristo encabeza la marcha de la historia humana, no sólo como quien va delante, sino como quien "activa el universo según el plan y designio de Dios", siendo el nervio y el eje de todo el acontecer a la vez que su meta, porque él es quien "llena totalmente el universo". Una primera plenitud de Cristo se realiza en la Iglesia, que es su cuerpo y de la cual él es la Cabeza. Pero en la Iglesia deberá realizarse la unión del universo.

    De esta manera, Cristo no es un personaje que apareció en un momento de la historia, dejó un mensaje y marchó, mientras la historia sigue su camino. El camino de la historia pasa por él, él es el eje y el centro, el principio y el fin. Todo parte de él, todo se mueve por él, porque él tiene el encargo de Padre de unificar el universo, no desde fuera, sino haciendo él mismo la marcha con la presencia de su Espíritu, hasta , hasta llegar al despliegue de la plenitud total, que también es él mismo.

    • La espera cósmica

    Queremos subrayar ahora la dimensión cósmica del Cristo total. Puesto a la cabeza del cuerpo de la Iglesia y en el centro de la historia, toda la creación queda afectada por su presencia salvadora. Se trata de un movimiento universal del que ninguna realidad queda excluida. Que si nos referimos al escenario material del mundo, éste sólo cobra sentido en la medida en que se vincula con el hombre. En el salmo 8, 7 se dice que Dios puso todas las cosas bajo sus pies y estas mismas palabras las aplica San Pablo a Cristo al hablar de su acción recapituladora.

    El universo entero con todo lo que hay en él, tiene a Cristo por eje y centro de referencia. La humanidad en su ya larga historia ha ido modificando y perfeccionando el mundo material., poniéndolo a su servicio, y haciéndolo de alguna manera partícipe de su progreso. El campo seco se ha tornado en vergel por el riego que el hombre ha hecho llegar allí. La luna y los astros están recibiendo ya, bien la visita personal, bien los mensajes cifrados de los humanos. Un parque cuidado no es lo mismo que un bosque cubierto por la maleza. El hombre se va integrando en la naturaleza, en el universo entero. Por eso, la presencia y acción de Cristo en el mundo de los hombres es también presencia y acción sobre todo lo que existe en el universo creado.

    Pues bien, San Pablo nos habla de esta espera ansiosa de la humanidad, que es espera de toda la creación, una espera que tiene como meta el despliegue de nuestra condición de hijos de Dios en su total plenitud, despliegue que alcanzará también a todas las cosas creadas :

    "La humanidad otea impaciente aguardando a que se revele lo que es ser hijos de Dios; porque, aun sometida al fracaso(no por su gusto, sino por aquel que la sometió), esta misma humanidad abriga una esperanza : que se verá liberada de la esclavitud de la decadencia, para alcanzar la libertad y la gloria de los hijos de Dios.

    Sabemos bien que hasta el presente la humanidad entera sigue lanzando un gemido universal con los dolores de su parto. Más aún : incluso nosotros, que poseemos el Espíritu como primicia, gemimos en lo íntimo a la espera de la plena condición de hijos, del rescate de nuestro ser, pues con esta esperanza nos salvaron" (Rom 8, 19-24).

    En esta versión del texto se pone "humanidad" donde otras escriben "creación", tradición más literal del original griego. Pero ya hemos dicho que la materialidad de la creación cobra sentido por su referencia al hombre, y la suerte de éste alcanza también a toda la realidad del mundo en virtud de dicha vinculación. El texto paulino nos lleva afijar la atención en nuestra situación presente, dura y tensa, como de quién está haciendo la marcha. La humanidad avanza trabajosamente . Las cosas mismas están sometidas a contratiempos, al terremoto que sobreviene, al hundimiento que se produce, a la lluvia inoportuna y a la sequía pertinaz. Pablo oye un gemido universal como de parto. Pero poseemos las primicias del Espíritu, sabemos que estamos salvados en Cristo, que él está y actúa en el corazón de la humanidad y de las cosas. Por eso, tal vez sin saberlo, sin palabras articuladas, late en el fondo de todas las cosas lo que llamamos la "espera cósmica". El universo avanza hacia su meta, hacia la plena humanización, a la humanidad nueva, porque tiene consigo al Hombre nuevo, a Cristo, en quien convergen todas las líneas de la historia.

    Con Cristo la trascendencia ha irrumpido en el tiempo, lo divino en lo humano. Hecho uno de los nuestros, el primogénito por su resurrección, ha abierto los caminos hacia la humanidad nueva, porque El ya va delante como Hombre nuevo, el primero en nacer de la muerte, al que seguirán como hombres nuevos todos aquellos que quieran escuchar su llamada y dejarse llevar por su Espíritu. El Espíritu del Hijo está en el mundo para no dejarle perecer. Se quiera o no se quiera. Cristo  forma ya parte de la historia humana, y toda ella encuentra su pleno sentido y su dirección en él. En el libro del Apocalipsis, el último de la Biblia, se ponen en boca del señor estas palabras : "Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin"(Ap 22. 13). El concilio Vaticano II lo expresa así:

    "El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones" (I Mt 45).


 
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